Clima de Consumo

No es muy novedoso mencionar que el mundo se está transformando aceleradamente y que en última instancia ello es consecuencia del rápido desarrollo tecnológico, particularmente de la informática y las comunicaciones a las que previsiblemente se sumará la biotecnología en el futuro cercano.
Este desarrollo es una de las causas de la aceleración del proceso de globalización en el terreno económico. Lo que es menos conocido, es que esta transformación está dando lugar a un fenómeno global inédito; por primera vez desde el comienzo de la era industrial, en las últimas décadas, incluso desde antes del despegue chino, el mundo subdesarrollado crece a ritmo más veloz (casi el doble) que el desarrollado. La gran tracción de este crecimiento proviene de Asia, y la demanda de recursos de todo tipo que esto genera, arrastra el crecimiento de América Latina e incluso de gran parte de África.

Si toda la población del planeta tuviera el nivel económico, ya no de los países más ricos sino de por ejemplo Grecia, se necesitarían los recursos de más de un planeta Tierra. Lo cierto es que la tendencia global hacia la homogeneización de la riqueza entre naciones, aún con muchas excepciones y todavía con enormes desigualdades, está poniendo a prueba la gran demanda sobre los recursos naturales y la consiguiente
escalada de sus precios.

Cabe advertir que si bien los recursos del planeta son finitos e incapaces de sostener indefinidamente el crecimiento exponencial de la demanda, se los debiera considerar elásticos por cuanto la inteligencia humana puede hacer un uso de los mismos crecientemente más eficiente.
El Cambio Climático (CC) es una de las resultantes del creciente consumo por habitante y del aumento de la población que en apenas 500 años pasó de 400 millones a 6.500 millones. En la diferencia del consumo por habitante, aparecen responsabilidades y obligaciones diferentes entre las naciones, pero comunes para todos los países, incluso los más pobres dado que su crecimiento está contribuyendo cada vez más al CC.

A su vez, el CC es un condicionante severo para la solución de otra crisis, la del petróleo, ya que, aunque se cuente con reservas globales para 40 años de consumo, hay crecientes indicios de que se estaría cerca del llamado pico de Hubert, a partir del cual declinaría la producción global.

Es probable que como respuesta, la producción de petróleo se incentive con mayores precios, pero estos aumentos alentarán también la sustitución y restricción de su consumo. Lo mismo que en el caso del CC, no hay una solución única en el horizonte y las alternativas son más caras excepto para el caso del gas y el carbón. Este último, del que hay reservas para por lo menos 200 años, es competitivo para la generación de electricidad. De todos modos, su utilización en lugar de petróleo no ayudaría a descarbonizar la energía como lo exige la mitigación del CC.

En cuanto al reemplazo de los derivados del petróleo para su uso directo como combustible, las tecnologías disponibles son en general más caras; la gasificación del carbón está disponible a más del doble del precio de los derivados del petróleo, los biocombustibles son casi competitivos pero su disponibilidad global por la superficie que pueden ocupar no alcanza por sí sola para cubrir la brecha que dejaría la producción de petróleo y el hidrógeno es un vector energético y no una fuente de energía primaria. El aporte del hidrógeno a la descarbonización dependerá de con qué energía se lo genere, siendo además por el momento cuatro veces más caro que los derivados del petróleo.
Las soluciones a la escasa oferta de petróleo son concurrentes en algunos casos con las de la mitigación del CC y en otros casos, opuestas. La mayor eficiencia en el uso de la energía y el menor consumo mediante su encarecimiento ayudarán en la solución de los dos problemas. El potencial de ahorro energético y de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero mediante la sustitución parcial o total entre modos de transporte es muy importante. Ello es posible incrementando el transporte público a expensas del automóvil, el uso del ferrocarril en lugar de los automotores en el transporte de cargas y personas y la navegación donde sea posible.

A mediano plazo, el diseño y transformación de las ciudades puede facilitar un menor consumo energético, no sólo en el transporte sino en la climatización de sus edificios.

En cuanto a las alternativas energéticas, en general son opciones válidas la generación de energía eólica, solar y nuclear, aunque esta última tiene otros efectos no deseables para el ambiente y la seguridad colectiva. Otras fuentesde hidrocarburos como el gas, el carbón y las arenas bituminosas pueden atenuar la falta de petróleo, pero no ayudan y en algunos casos empeoran el problema del CC.

Extracto de investigación elaborada por:

Vicente Barros
Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CONICET/UBA). Profesor emérito, Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, UBA.

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