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Cultivo, desmonte y efecto invernadero

Un contexto internacional favorable, sumado a un proceso importante de cambios tecnológicos que comenzó hace más de cuarenta años atrás, crearon las condiciones para que la agricultura argentina diera un salto en los ’90 de una magnitud sin precedentes y claramente visible en el cultivo más importante: la soja (como también en los principales granos “históricos”, como maíz y trigo, que ocupan una superficie cultivada igual a tres provincias del Chaco).

Este económicamente exitoso modelo de agricultura industrial está marcando profundos cambios sociales, económicos, ambientales y de logística, con serias restricciones a la sostenibilidad de todo el sistema rural y ambiental.

Es la ecorregión Pampa donde se sienten más algunas consecuencias de un descomunal crecimiento no planificado y sin participación activa del Estado. Si se mantiene por mucho tiempo la situación de que el 85% de los granos viajan a molienda y a puerto por tierra en camión y sólo un 15% por el sistema ferroviario, la eficiencia del sistema de transporte de granos muestra su fragilidad y casi de inmediato puede entrar en colapso. Esto, además de ser costoso en términos económicos, lo es más aún en términos energéticos y en el aumento de emisiones de CO2.

También el desmonte preagrícola afecta profundamente a la ecorregión Chaco (tercera ecorregión del país en cuanto a biodiversidad), además que esta zona viene acogiendo desde los ’70 el desplazamiento de la ganadería pampeana por el fenómeno de la sojización.

Los efectos del cambio climático sobre la producción agropecuaria y el territorio sobre el que esta se expande serán importantes, según las propias proyecciones del IPCC (International Pannel on Climate Change), en América Latina podrán verse afectadas entre 60 y 150 millones de hectáreas debido a la reducción de los recursos de agua, al aumento de temperaturas y al cambio en el nivel de lluvias, además de la mayor frecuencia de eventos extremos y elevación del nivel del mar.

Políticas Posibles

Existe un Proyecto de Ley elaborado por el Senado de la Nación que promueve la identificación y eliminación de políticas fiscales y promocionales de actividades y de servicios que obstaculizan la lucha contra el Cambio Climático antropogénico.

El proyecto consiste en la creación, por parte de PEN de una Comisión de trabajo integrada por funcionarios de las diferentes reparticiones de la Administración Pública Nacional con incumbencia en esta materia, así como también considera la posibilidad de solicitar la participación del sector privado, académico y de la sociedad civil.

Pasados los tres meses de trabajo de esta comisión, el PEN elevaría al Congreso de la Nación las modificaciones  que deban hacerse por ley, tendientes a la eliminación gradual de las políticas fiscales y promocionales identificadas.

La fundamentación de este Proyecto de Ley, parte de la aprobación, por parte del Congreso Nacional a través de la Ley 24.295, de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) y por Ley 25.438, del Protocolo de Kyoto de esta misma Convención.

En ese sentido, el inciso f) del artículo 4 de la Convención prescribe que “todas las partes, teniendo en cuenta sus responsabilidades comunes pero diferenciadas y el carácter específico de sus prioridades nacionales y regionales de desarrollo, de sus objetivos y de sus circunstancias deberán:(…) tener en cuenta, en la medida de lo posible, las consideraciones relativas al cambio climático en sus políticas y medidas sociales, económicas y ambientales pertinentes y emplear métodos apropiados, por ejemplo evaluaciones de impacto, formulados y determinados a nivel nacional, con miras a reducir al mínimo los efectos adversos en la economía, la salud pública y la calidad del medio ambiente, de los proyectos o medidas emprendidos por las Partes para mitigar el cambio climático o adaptarse a él (…)”.

El proyecto, entonces, se sustenta sobre la base del principio de pensar local y actuar global. Es que si bien nuestro país no ha contribuído en el pasado en gran proporción con emisiones de gases que provocan el efecto invernadero, como sí lo han hecho los países industrializados, el clima y el ambiente es uno solo.

Algunos ejemplos de políticas fiscales y promocionales de actividades que no consideran su impacto en el clima y el medio ambiente son: 1)el cobro de impuestos a vehículos automotores y motores (en Argentina paga menos impuesto un automóvil viejo y más contaminante que uno nuevo, a la inversa de lo que sucede en Alemania), 2) la promoción con incentivos fiscales al sector maderero que provoca la disminución de bosques en nuestro país, 3) las medidas que fomenten el uso de energías convencionales, desalentando la inversión en energías renovables; entre otros ejemplos.

Asimismo, la Ley General del Ambiente Nº 25.675 en el artículo 4 enumera determinados principios de política ambiental, entre ellos se cita al principio de equidad intergeneracional que plantea que los responsables de la protección ambiental deberán velar por el uso y goce apropiado del ambiente por parte de las generaciones presentes y futuras; mientras que el principio de progresividad prescribe que los objetivos ambientales deberán ser logrados en forma gradual, a través de metas interinas y finales, proyectadas en un cronograma temporal que facilite la adecuación correspondiente a las actividades relacionadas con esos objetivos.

Fuente: Texto del Proyecto de Ley del Senado de la Nación S-1495/07, extraído de http://www.senado.gov.ar.

¿Quien paga los daños?

La atmósfera es mundial y el clima no tiene fronteras políticas, por lo tanto los efectos del Cambio Climático superan los territorios nacionales.

A fines del 2006, el Banco Mundial, redactó un informe sobre las consecuencias económicas del CC y de las medidas para su mitigación. En ese trabajo se estimó que, con un aumento de la temperatura en 5º, podría caer un 20% el PBI mundial. Por el contrario, si se actuara de inmediato, gran parte de los problemas podrían resolverse con la utilización de un 1% de la economía mundial.

 

Pero lo más impactante, es que afirma que las acciones nacionales, regionales e internacionales debieran “basarse en una visión compartida de los objetivos y en acuerdos sobre marcos que aceleren las acciones a lo largo de la próxima década”.

 

Lo que ya ha quedado fuera de discusión es la existencia de efectos económicos perjudiciales originados porque el mercado no los pudo corregir. A partir de allí comineza una ardua negociación internacional para definir quién debería pagar la cuenta.

 

No es casual que la solución al CC se plantee en términos de ayuda internacional, en vez de hacerlo con un formato en el que el país contaminante tiene la obligación de detener y/o compensar su contaminación.

 

El Economista Francois Perroux, creador de la teoría de los polos de desarrollo, planetaba que podríamos encontrar explicaciones con el concepto de la “unidad económica dominante”. Esta unidad dominante ejerce una influencia unilateral irreversible sobre las demás unidades económicas debido a: la dimensión de su actividad, la mayor fuerza contractual y la insersión en sectores claves.

 

Cuando analizamos la importancia de los paises industrializados, su capacidad de imponer condiciones económico-financieras en el mercado y su protagonismo en el desarrollo tecnológico, deberíamos considerar el análisis del CC y sus efectos económicos bajo esta perspectiva.

 

El desorden que está atrayendo el CC merece un replanteo sobre el tipo de crecimiento económico, sobre la distribución de las cargas para resolver los efectos económicos, sobre el proceso de desarrollo de la innovación tecnológica (especialmente en materia de producción limpia y ahorradora de energía) y sobre los mecanismos correspondientes de financiamiento.

 

 Para consultar la fuente:

http://www.uba.ar/encrucijadas/41/sumario/enc41-quienpaga.php

Cambio Climatico y Pobreza

El cambio climático (CC) potenciará las vulnerabilidades ya existentes en los pobladores y sus posibilidades de desarrollo, fenómeno que podría resultar en una potenciación de la pobreza si no se aplican las políticas necesarias para favorecer la adaptación de las comunidades más pobres.

Será necesario contar con políticas destinadas a la reducción de emisiones de GEI, y con otras que abarquen tanto medidas de mitigación como de adaptación al medio. Se plantea de este modo dado que  los países más afectados por CC serán aquellos en vías de desarrollo, por su alta dependencia a los recursos naturales  y su limitada posibilidad de adaptación a las futuras condiciones climáticas sin ayuda externa.

La adaptación de las comunidades pobres a los efectos del CC deberá integrarse a  las políticas de desarrollo humano, institucional y financiero y de áreas tales como medioambiente, energía, economía y bienestar social. También se deberá integrar a la estrategia el manejo de los recursos naturales, el desarrollo de tecnologías e infraestructuras y el fortalecimiento y capacitación de las comunidades involucradas para promover su adaptación y asegurar su continuidad.

Los impactos del CC sobre el sustento de los pobladores pobres estarán dados principalmente en los siguientes aspectos:

  • Servicios y Bienes Ambientales: las poblaciones carenciadas usualmente dependen directamente de los bienes y servicios provistos por los ecosistemas, tanto como fuente primaria como suplementaria de alimentos, forraje, material para la construcción y combustible. El CC degrada la calidad de estos recursos y, por lo tanto, refuerza las condiciones de pobreza.
  • Agua: Se proyecta que el CC reduzca aún más su disponibilidad debido a un aumento en la frecuencia de sequías, aumento de la evaporación y cambios en los patrones de precipitación. En Argentina se espera una reducción de las precipitaciones en la región cuyana y aumento de las lluvias en la Cuenca del Plata, aumentando el riesgo de inundaciones.
  • Agricultura y Seguridad alimentaria: Cambios en la temperatura, precipitación y extremos climáticos se sumarán al estrés de los recursos agrícolas. Esto será particularmente serio en aquellas áreas donde las sequías y la degradación de la tierra, incluyendo la desertificación, son actualmente severos. Se espera que sea necesario el uso de nuevas tecnologías de labranza y la aplicación de mayor cantidad de fertilizantes, perjudicando a los pobladores pobres que no tendrán acceso a los recursos necesarios.
  • Salud: Directamente el CC afectará en el incremento de las enfermedades y muertes vinculadas con un aumento de la temperatura, además de muertes y lesiones a causa de eventos climáticos extremos. Indirectamente afectaría en la distribución geográfica de enfermedades y aumento de enfermedades asociadas al suministro de agua como el cólera y la diarrea.
  • Desplazamiento involuntario, migraciones y conflictos: Podrían llevarse a cabo migraciones en masa debido a la degradación de recursos cruciales y amenaza de los medios de subsistencia.

Los cambios graduales a largo plazo, suelen ser tan dañinos como los cambios abruptos a los que tanto tememos.

Fuente: Dirección de Cambio Climático, Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable. http://www.ambiente.gov.ar/?idseccion=29

Metano Ganadero

Las actividades agrícolas y ganaderas contribuyen directamente a la emisión de gases efecto invernadero (GEI), la mayoría de este tipo de emisiones son ocasionadas por la actividad ganadera que, después del sector energético, es la actividad económica más implicada, aportando el 35% de las emisiones totales del país. Conocer esta influencia obliga a comprometernos con la defensa de nuestro planeta.

La producción de metano es parte de los procesos digestivos normales de los animales: durante la digestión, los microorganismos presentes en el aparato digestivo (bacterias metanogénicas) fermentan el alimento consumido por el animal. Entre las especies ganaderas , los rumiantes (bovinos, caprinos, ovinos) son los principales emisores de metano.

En los animales no rumiantes (porcinos, equinos, asnales) la fermentación ocurre en el intestino grueso, que tiene una menor capacidad de producción de metano. Debido a que esta producción es el resultado de procesos digestivos, la cantidad de metano emitida varía con el tipo de animal, su naturaleza, cantidad y digestibilidad de alimento consumido y con el nivel de producción.

El manejo del estiércol del ganado produce emisiones de metano y de oxido nitroso diferentes dependiendo de la dieta de los animales; cuanto mayor contenido energético y digestibilidad posee el alimento, mayor es el potencial de emisión de metano (por ejemplo, los animales en feedlot que mantienen una alimentación muy energética producen el doble de metano que aquellos mantenidos con forrajes de baja concentración energética).

En el sector ganadero, el óxido nitroso producido por el estiercol desde los campos de pastoreo aporta cerca del 43% de las emisiones, el resto, casi en su totalidad, es metano producto de la fermentación entérica en su mayoría proveniente del ganado bovino.

Al considerar las condiciones naturales para la producción ganadera en nuestro país, resulta muy probable que continúe desarrollándose en condiciones extensivas con sus características actuales. Para contribuir entonces a la disminución de emisiones se deberá:

  • Incrementar la velocidad de producción a través del mejoramiento de las pasturas.
  • Implementar procedimientos adecuados de sanidad animal.
  • Mejorar el manejo del rodeo.
  • Crear elementos de promoción de las reducciones de metano.

Basado en:

Estudio de mitigación de emisiones a través de la reducción de las emisiones de metano entérico elaborado por la Secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación; y en www.inta.gov.ar/ediciones/idia/carne/carneo03.pdf

Más Cerca del Deshielo

Cierto, estamos ante un acontecimiento que llama la atención de todos. A através de los diferentes medios, estamos siguiendo, minuto a minuto, la precoz caída del glaciar Perito Moreno.

Sin dudas un hecho fascinante para todos los habitantes del sur argentino que pueden acercarse a contemplar tan increíble espectáculo, y también para los que estamos un poco más lejos, que aún a pesar de la distancia las imágenes nos llegan, nos emocionan (claro, con un poco de ayuda de la música de los tapes que transmiten por tv) y nos hacen pensar “qué grande es la naturaleza”… tan mágica… tan fuerte… tan maravilla única.

Sin embargo, desde este espacio no podemos omitir la obvia, pero también necesaria pregunta ¿cuánto de la acción nuestra, tiene que ver en el desmoronamiento temprano de este patrimonio de la humanidad?… ¿Es que seguimos con esta compulsión a deteriorar el patrimonio público? Este es el patrimonio de todos, no ME paretenece sino que NOS pertenece y le pertenece también a las generaciones que están por venir.

No nos damos cuenta de cómo es nuestra contribución, pero debiéramos tomar conciencia en algún momento y comenzar por lo que esté a nuestro alcance. Tal y como venimos sosteniendo desde nuestra primera comunicación.

De hecho, de acuerdo a la segunda comunicación Nacional elaborada por la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, el 71% de las emisiones de gases efecto invernadero (GEI) provienen de las áreas metropolitanas, de las cuales el 61.3% son producidas por el transporte no masivo, es decir autos particulares. Ya tenemos un lugar por donde comenzar.

Nuestra contribución al aumento del efecto invernadero podría mitigarse de algún modo si decidiéramos utilizar con mayor frecuencia el transporte público (aunque resulte sacrificado). El tranvía resulta clave como medio no contaminante, aunque es necesario que vuelva a funcionar cubriendo mayores distancias.

En función de la emisiones de GEI en las rutas nacionales existen algunas medidas de mitigación que podrían resultar favorecedoras como:

  • Cambio de combustible
  • Buenas prácticas de manejo
  • Control de velocidad
  • Cambio modal de camión a ferrocarril (esta última debiera ser analizada con mayor detalle, ya que es esencial, no sólo para la disminución de las emisiones de GEI sino también para el desarrollo económico y social del país).

Si sólo aplicáramos las tres primeras  medidas mencionadas, la reducción de emisiones de GEI sería del orden de las 3 millones de toneladas de CO2 anuales.

Inventario

 En el día de la Agricultura Nacional, sería interesante que por un momento nos detengamos a pensar y analizar cuáles de las actividades que realizamos como sociedad en funcionamiento, como grupo, no sólo como individuos, contribuyen mayoritariamente a la emisión de Gases Efecto Invernadero (GEI), de modo que tomemos “cartas en el asunto” colectivamente, por supuesto.

De acuerdo al inventario nacional correspondiente al año 2000 y al reporte final de la Segunda Comunicación Nacional de la Secretaria de Ambiente y Desarrollo de la Nación sabemos que el 91% de las emisiones de GEI provienen el 44% de la agricultura y ganadería y el 47% de la producción y consumo energético.

¿Cómo es posible?

En lo que respecta a la ganadería y agricultura, contribuyen fuertemente la fermentación entérica de los rumiantes (principalmente las vacas) y el uso intensivo y extensivo de los suelos agrícolas (actividad que potencia la desertificación de algunas zonas).

Por otra parte, las emisiones de GEI provenientes de la producción y el consumo energético, sabemos que se originan a partir del transporte y las industrias productoras de energía (entre ambas suman el 57% de este bloque), además de contribuir también las fugas en la producción de gas natural y el consumo en las zonas residenciales.

No es un dato menor que existe también un 9% de emisiones provocadas por procesos industriales (industria química, minerales, cemento, cal, producción de metales, etc.) y residuos (tanto sólidos como las aguas residuales industriales y domésticas).

Ahora que sabemos esto… ¿qué estamos en condiciones de hacer?