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Hacia un Modelo Sustentable

La situación denuestro país ante los graves efectos que generan los cambios climáticos, plantea la necesidad urgente de implementar un camino hacia un desarrollo sustentable que no sólo pueda hacer frente a los daños ambientales, sino que permita generar el impulso de actividades para una mejor distribución de la renta, con más empleo y más ingreso.

Para lograr un desarrollo sustentable será necesario convertir a nuestra sociedad en: más solidaria, que supere la injusta distribución de la riqueza, la degradación del ambiente y el agotamiento de los recursos. La primera tarea sería entonces orientar la inversión y ocupación del territorio en función de la potencialidades y restricciones del mismo.

La relación población/recurso, en latinoamérica, es ampliamente favorable comparada con otros continentes, mostrando un balance que posibilitará satisfacer nuestras necesidades ampliamente. En Argentina, tenemos una elevada capacidad de generar capital que pudiera ser orientado para iniciar y concretar el desarrollo sustentable. Lo que falla sin duda es nuestro propio sistema, con una distribución del ingreso y del poder sumamente regresiva.

Nuestra participación en el mercado mundial es pasiva y residual, manteniendo un proceso productivo que degrada y desaprovecha recursos naturales, fuentes energéticas y hábitat (incluyendo el aumento de la desocupación).

El reto es diseñar una estrategia de desarrollo en armonía con la naturaleza y con las necesidades de las futuras generaciones.

Los problemas ambientales surgen cuando una estructura económica y social transforma la naturaleza en función de elevar su calidad de vida con una tendencia hacia una máxima ganancia sin considerar consecuencias.

En el proceso de producción, se genera al mismo tiempo un proceso de destrucción que da orígen a la degradación. Al mismo tiempo, opera un proceso de aprovechamiento/desaprovechamiento a través del cual seleccionamos de la naturaleza sólo aquello que puede satisfacernos.

Desde la división internacional del trabajo, nuestro continente fue especializado en muy pocos productos. Una parte importante de la heterogeneidad de nuestros recursos fueron transformados en cultivos específicos afectando la potencialidad de la naturaleza y su seguridad ante cambios, afectando la capacidad de sumidero, y liberando alta proporción de gases en función de los bosques quemados. Finalmente, en cuanto al uso de la energía es posible señalar que nuestro estilo ha sido sumamente dilapilador revelando en todos los sectores bajos niveles de eficiencia energética.

En definitiva, se producen sólo los elementos que ganan ventaja comparativa a nivel mundial con lo cual se desaprovecha y se utilizan a un ritmo superior a la renovación natural con lo cual se degrada el medio ambiente, además que la ocupación del territorio se realiza explotando los elementos que brindan una rápida ganancia.

La elaboración de Cuentas Patrimoniales que valorice física y monetariamente el potencial de los recursos naturales y registre sus cambios en función de la producción ha sido planteada y en varios países se han iniciado las primeras acciones en el tema. En nuestro país se ha  elaborado un proyecto en conjunto con el Consejo Federal de Medio Ambiente y el INDEC, donde en colaboración con todas las provincias se determinarán los costos de elaboración de la cuentas patrimoniales. A su vez se plantea la necesidad de garantizar la oferta ecosistemática que todos los sectores económicos deben utilizar en su producción.

Para seguir leyendo : http://www.uba.ar/encrucijadas/41/sumario/enc41-modelosustentable.php

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Políticas Posibles

Existe un Proyecto de Ley elaborado por el Senado de la Nación que promueve la identificación y eliminación de políticas fiscales y promocionales de actividades y de servicios que obstaculizan la lucha contra el Cambio Climático antropogénico.

El proyecto consiste en la creación, por parte de PEN de una Comisión de trabajo integrada por funcionarios de las diferentes reparticiones de la Administración Pública Nacional con incumbencia en esta materia, así como también considera la posibilidad de solicitar la participación del sector privado, académico y de la sociedad civil.

Pasados los tres meses de trabajo de esta comisión, el PEN elevaría al Congreso de la Nación las modificaciones  que deban hacerse por ley, tendientes a la eliminación gradual de las políticas fiscales y promocionales identificadas.

La fundamentación de este Proyecto de Ley, parte de la aprobación, por parte del Congreso Nacional a través de la Ley 24.295, de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) y por Ley 25.438, del Protocolo de Kyoto de esta misma Convención.

En ese sentido, el inciso f) del artículo 4 de la Convención prescribe que “todas las partes, teniendo en cuenta sus responsabilidades comunes pero diferenciadas y el carácter específico de sus prioridades nacionales y regionales de desarrollo, de sus objetivos y de sus circunstancias deberán:(…) tener en cuenta, en la medida de lo posible, las consideraciones relativas al cambio climático en sus políticas y medidas sociales, económicas y ambientales pertinentes y emplear métodos apropiados, por ejemplo evaluaciones de impacto, formulados y determinados a nivel nacional, con miras a reducir al mínimo los efectos adversos en la economía, la salud pública y la calidad del medio ambiente, de los proyectos o medidas emprendidos por las Partes para mitigar el cambio climático o adaptarse a él (…)”.

El proyecto, entonces, se sustenta sobre la base del principio de pensar local y actuar global. Es que si bien nuestro país no ha contribuído en el pasado en gran proporción con emisiones de gases que provocan el efecto invernadero, como sí lo han hecho los países industrializados, el clima y el ambiente es uno solo.

Algunos ejemplos de políticas fiscales y promocionales de actividades que no consideran su impacto en el clima y el medio ambiente son: 1)el cobro de impuestos a vehículos automotores y motores (en Argentina paga menos impuesto un automóvil viejo y más contaminante que uno nuevo, a la inversa de lo que sucede en Alemania), 2) la promoción con incentivos fiscales al sector maderero que provoca la disminución de bosques en nuestro país, 3) las medidas que fomenten el uso de energías convencionales, desalentando la inversión en energías renovables; entre otros ejemplos.

Asimismo, la Ley General del Ambiente Nº 25.675 en el artículo 4 enumera determinados principios de política ambiental, entre ellos se cita al principio de equidad intergeneracional que plantea que los responsables de la protección ambiental deberán velar por el uso y goce apropiado del ambiente por parte de las generaciones presentes y futuras; mientras que el principio de progresividad prescribe que los objetivos ambientales deberán ser logrados en forma gradual, a través de metas interinas y finales, proyectadas en un cronograma temporal que facilite la adecuación correspondiente a las actividades relacionadas con esos objetivos.

Fuente: Texto del Proyecto de Ley del Senado de la Nación S-1495/07, extraído de http://www.senado.gov.ar.

Comportamiento Humano

La forma en que las personas percibimos nuestro ambiente y las actitudes y comportamientos que desarrollamos hacia él, dan origen al Cambio Climático (CC).

Las actividades a través de las cuales alteramos el clima se pueden clasificar en dos grupos: las que aumentan la emisión de Gases Efecto Invernadero (GEI) y las que disminuyen su captación natural, principalmente la tala de bosques.

Contribuimos al CC cada vez que utilizamos nuestro auto, encendemos el aire acondicionado, viajamos en avión, etc. Sin olvidar que consumimos productos que provienen de procesos industriales que también producen GEI.

Los ciudadanos no siempre somos conscientes de este problema dado que nos cuesta hacer relaciones entre nuestra forma de vida y el CC. Por otra parte, no basta sólo con buena información para lograr cambios en nuestro modo de actuar. De hecho, en primera instancia, la mayoría de las personas podríamos estar a favor del cuidado del planeta, pero ¿estaríamos dispuestos a hacer esfuerzos personales para reducir la emisión de GEI?, ¿restringir el uso de nuestro auto?, ¿moderar el uso del aire acondicionado?, ¿pagar un precio más alto por un aparato que consume menos energía?, ¿llevar estilos de vida más austeros?, ¿tomarnos el trabajo de separar nuestros residuos para que puedan ser reciclados? En el caso de ser empresarios ¿pagar más impuestos para la implementación de programas de reducción de gases de efecto invernadero?, ¿invertir en tecnologías menos contaminantes, aunque esto disminuya el margen de ganancias?.

Algunas creencias que dificultan nuestro cambio de actitud hacia el cuidado del medioambiente son, por ejemplo: “los científicos ya encontrarán una solución para el problema”, “la naturaleza es lo suficientemente fuerte como para resistir los impactos de la industrialización”, “la industria se reconvertirá a tiempo parar desarrollar tecnología no contaminante”… entre muchas otras.

También algunos de nuestros valores contradicen ciertos comportamientos para la preservación del planeta, vale citar: “el confort de la vida moderna es más importante que el cuidado del planeta”, “tenemos derecho a dominar la naturaleza”, “somos más importantes que el resto de las especies”, “estamos más allá de las leyes de la naturaleza”, “tenemos el derecho de utilizar todos los recursos naturales que podamos”.

Una persona preocupada por el cambio climático puede preguntarse ¿tiene sentido que me esfuerce en tomar actitudes diferentes si el resto no lo hace? Y es aquí donde necesitamos de las políticas ambientales y los programas de gestión ambiental, buscando, a través de campañas y programas participativos, movilizarnos hacia objetivos comunes de respeto ambiental. Por ejemplo: una política pública  tendiente a un transporte más ecológico podría incluir acciones como: regulaciones para el uso individual del auto, buenas ofertas de transporte público, diseño de ciclovías, nuevas modalidades  de organización comunitaria de traslados, y demás ideas.

Hoy el problema del CC ha llegado a un punto en su desarrollo en el que es imposible evitarlo. No sabemos si seremos capaces de controlarlo, desacelerarlo o mitigarlo, pero una cosa está clara: el éxito depende del trabajo en equipo, no sólo para tomar conciencia, sino también para desarrollar actitudes de cuidado ambiental tanto en la agenda pública como en nuestra vida diara.